Boletín Electrónico
 
2| 09 Mayo 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

De nuevo, pareciera que todos los males del sistema educativo chileno son de absoluta responsabilidad del Magisterio. ¡Que Dios nos pille confesados!.

¿Los profesores en el ojo del Huracán o el Huracán sólo azota a los profesores?

Hasta el momento no hemos escuchado propuestas que planteen una evaluación en todos los niveles. Es decir, nadie ha puesto en el debate que los jefes de las Unidades Técnicas Pedagógicas de los establecimientos educacionales (que en su mayoría son de la confianza del Director) puedan ser evaluados. Nadie tampoco dice nada sobre la evaluación de los cargos de dirección. ¿O será que a los directores de escuela sólo habrá que evaluarlos en términos de cantidad de matrículas que logran tener cada año?, ¿o evaluarlos en función a cuán ordenados tengamos las cuentas al interior del centro educativo?. Si eso es así, contratemos gerentes financieros y/o publicistas, que logren construir estrategias atractivas para los posibles “clientes” que se encuentran en el mercado. ¿quién hoy plantea evaluar los jefes municipales encargados de la educación?. Perdón y para que nadie se sienta. ¿Y los supervisores y técnicos del ministerio, no pueden ser evaluados?. Hasta el día de hoy no hemos escuchado nada acerca de un mal desempeño de algunos de estos funcionarios. Para terminar con la cadena, las máximas autoridades ministeriales, suponemos que no necesitan ser evaluadas. ¿Sería pedir demasiado?.

El huracán tampoco moja a los formadores de profesores, es decir a las universidades. Algunas de éstas se encuentran certificando títulos de profesores, en lo que se denomina “formación de profesores a distancia” La OCDE en su informe destacó que estos programas “pueden minar o actuar en forma contraria a los esfuerzos buscados”. Pero el ojo del Huracán sólo azota a los profesores. No visualiza mejores sueldos, mejores condiciones laborales, menos horas delante de una clase y más horas pensando su trabajo, mayor supervisión (no de asistencia por alumnos, sino pedagógica), no valora ni garantiza la profesión docente, de la cuál deberíamos estar orgullosos.

Son otros los sujetos que ayudan y tienden la mano para soportar el chaparrón. En la encuesta que realiza el INJUV, los jóvenes declararon en segunda opción –la primera fueron sus padres- confiar más en sus profesores. Otro estudio realizado por CIDE indica que los apoderados confían mucho más en los profesores, que en los directores de escuelas. Pero ni los jóvenes , ni los apoderados cuentan, ellos no valen. Ellos son -parecieran ser- sólo ciudadanos.

En Estados Unidos el Huracán Katrina no demostró solamente lo vulnerable que eran las murallas de la ciudad para soportar un fenómeno de esa naturaleza. Demostró, también, todo lo indolente que fueron sus autoridades con los pesares de la población más pobre, mientras planificaba sus negocios de “reconstrucción”. Por último demostró que pese a que los expertos señalaron lo que iba a suceder no se tomaron las medidas necesarias. La autoridad máxima hizo oído sordo. Ojalá que nuestras nuevas autoridades no se les parezcan.

 

 

Observatorio Chileno de Políticas Educativas