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EDITORIAL

Esta semana el Consejo Asesor Presidencial para la Calidad de la Educación entregó su informe final a la Presidenta, pese a pasar casi inadvertido por el revuelo causado por la muerte del ex dictador. Este Consejo nació como una respuesta gubernamental a las demandas de cambios profundos al sistema educativo, planteadas por el movimiento de estudiantes secundarios en el mes de mayo. Después de casi seis meses de trabajo de este Consejo, quisiéramos plantear algunas conclusiones preliminares sobre el significado de esta experiencia.

En primer lugar, valorar que representantes del mundo social de la educación, líderes del incipiente movimiento social que logró articularse al interior del denominado Bloque Social, demostraron que tienen mucho que decir y aportar en un tema tan sensible para los chilenos y chilenas. El hecho que el movimiento social participe y recomiende lineamientos en las políticas públicas, no es nuevo en la historia de nuestro país. En muchas oportunidades los sectores organizados de la sociedad civil han entregados sus aportes, pero pocas son las veces en que la clase política ha tomado esos aportes para hacerlos realidad. Esperamos que esta vez no se repita la historia. Invitamos a nuestros lectores a revisar un resumen de estas propuestas en el documento descargable que encontrarán adjunto. Por otra parte, la reciente decisión del Bloque Social de no suscribir el informe final del Consejo, generó una polémica en los medios de prensa, al respecto los invitamos a revisar una declaración de OPECH sobre el tema.

En segundo lugar, este Consejo inauguró la política de participación ciudadana anunciada por la Presidenta Bachelet durante la campaña presidencial pasada. A los sectores más conservadores de nuestro país les resultó incomprensible que junto a los llamados “técnicos” diseñadores de políticas y a los representantes de grupos empresariales y religiosos (siempre invitados en otras comisiones formadas durante los últimos años), fueran incorporados al Consejo los actores sociales. Digamos al respecto que esta polémica solo se da en nuestro país. En varios países de América Latina se han implementado procesos de diálogo y consulta sobre políticas educativas, con un carácter mucho más inclusivo desde el punto de vista social. A modo de ejemplo, este año en Bolivia se discutieron varias leyes de educación, que surgieron de debates ampliamente participativos de diversas organizaciones civiles ligadas al mundo de la educación. En Nicaragua, el nuevo ministro de educación que asumirá en Enero, planteó que la LOCE nicaragüense –hija de la LOCE chilena- será derogada, puesto que el movimiento social asumió, en un proceso de debates que duró varios años, que esa ley era la responsable de tener uno de los peores sistemas educativos. En Uruguay, se desarrolló durante todo este año el Congreso de Educación, un debate en el que participaron miles de personas y que culminará con un nuevo marco institucional para la educación, algo similar ocurrió en Bs. Aires- Argentina. La mayoría de los países está avanzando hacia procesos mucho más amplios y participativos a la hora de definir las políticas educativas. En nuestro país queda mucho por hacer para incorporar efectivamente a la ciudadanía a los procesos de toma de decisiones, para alcanzar un gobierno ciudadano.

Por otro lado, respecto al contenido mismo del informe, éste muestra posturas irreconciliables. Algunas con un marcado carácter mercantilista, en las que se defiende el derecho al lucro con los recursos del Estado y en las que predomina un afán de continuidad con el modelo educativo mercantil. Otras posturas, más realistas y apegadas al sentir del mundo social, que solicitan cambios estructurales al modelo educativo, que demostró su inoperancia en estos ya casi 25 años de “reformas”. Lamentamos que el Consejo no sesionara con una orientación más clara hacia las transformaciones de fondo que reclamaron los estudiantes, tal como fue señalado en sus inicios.

Hacia el futuro inmediato, quedan al menos dos problemas pendientes. En primer lugar, se requiere conocer cuál es la posición de este gobierno respecto a los cambios que se solicitan. Aún no lo sabemos. En segundo lugar, se requiere conocer con urgencia, las leyes que el ejecutivo enviará al parlamento y no esperar hasta el mes de abril (es decir cuatro meses) para comenzar a conocer lo que se pretende hacer. Esperamos que en ellas se recojan las propuestas que responsablemente ha planteado el Bloque Social.

 

 

 

Observatorio Chileno de Políticas Educativas